José Luis Peixoto,eximio músico en “Cementerio de Pianos”

 

cementerio-de-pianos

Resurrecturis. La hermosa edición de “Cementerio de pianos” del portugués José Luis Peixoto (Galveias, en el Alentejo, 1974) que Casa Editorial HUM acaba de presentar en la Feria del Libro de Montevideo, empieza con esa voz latina, resurrecturis, los que resucitarán.  Voz latina que suele coronar la entrada de los camposantos católicos, allí donde los vivos han ido a reposar a la espera de su resurrección en el Reino de los Cielos, parece ser una metáfora de lo que la novela es. Metáfora que se complementa con un largo versículo de la Biblia, donde Jesucristo invoca a su padre Dios.

La novela se desarrolla en el entorno físico de una carpintería, nada casual tratándose del oficio de José y del propio Jesús, en la que vivió el primero de los Francisco Lázaro y en la que habría de dejar a su hijo, el otro Francisco Lázaro, nombre tras el que se esconde sin demasiada suerte una alusión al “levántate y anda” implícito en la peripecia de esa hijo carpintero que será el primer maratonista portugués en disputar esa prueba en Estocolmo en 1912. La inmanencia de la carpintería como elemento central que une a las generaciones, parece resultar un efectivo juego de espejos con la carrera que durante 30 interminables kilómetros, Francisco Lázaro corre, contra otros pero también, y fundamentalmente, con sí mismo, su padre, su vida y sus designios.

Generaciones y tiempos, voces de acá y del más allá, van y vienen a través de sus páginas, en un transcurso que nunca es lineal. Allí, dentro de la carpintería está el misterio del “Cementerio de Pianos”, lugar donde reposan músicas y recuerdos, vivencias y sentimientos, a la espera de ser resucitados, precisamente de la mano de un Lázaro, pero donde también encuentran el escenario las pasiones y los secretos.

Novela compleja, multifónica, de una densidad metafísica, en donde el tiempo es una materia más que se confunde con los colores y los sonidos, las generaciones y la familia, los sueños y la violencia soterrada y omnipresente, tiempo que se convierte en una materia viscosa y densa que borra los contornos de un mundo ríspido presa de un fatalismo descarnado. Una novela que desafía al lector y le reclama involucrarse. Que le pide leerla, pero también y sobre todo, sentirla.

En la presentación, en la que un Peixoto amable y distendido ofreció una larga charla salpicada de anécdotas, no solamente sobre esta novela sino sobre su vida toda y la literatura lusitana, de la que hoy es uno de sus más significativos representantes, alguien del público que ya conocía “Cementerio de Pianos” quiso saber del autor cómo leer la novela para entenderla teniendo en cuenta esas particularidades de su técnica narrativa. Peixoto le respondió que, más que entenderla, a la novela había que tratar de sentirla, y escucharla, porque la música es parte indisoluble del todo, y por tanto, simplemente, hay que dejarse llevar.

Para quienes deseen adentrarse en el fascinante mundo onírico de José Luis Peixoto, ese es mi modesto consejo: siéntase cómodo, buena luz y tiempo, y déjese llevar. Estará en buenas manos. Manos de pianista, claro.

dedicatoria-cementerio-de-pianos001

Mi agradecimiento a José Luis Peixoto por la amable dedicatoria. 

 

Parinoush Saniee, amor y dolor en Persa

El Libro de mi Destino

Con la estructura de un libro de memorias, Saniee (Teherán, 1949) nos relata las peripecias de una mujer iraní (Masumeh, nacida en una familia musulmana tradicional donde los hábitos y costumbres y los preceptos religiosos tienen la fuerza de lo escrito en piedra), a lo largo de una vida signada por la tragedia, mientras en su entorno familiar e histórico se desarrolla esa otra tragedia.

Situada en las postrimerías del régimen del Shá y el advenimiento de la Revolución, y luego el avance del nuevo régimen islamista de los Ayatolláhs, el relato es de una crudeza escalofriante. Página a página, nos pone cara a cara con la barbarie de un mundo en el que, bajo el ominoso manto de un Dios omnipresente y omnipotente, se cometen los más inverosímiles crímenes y atropellos, las más de las veces en nombre de una pureza y un honor teñido en sangre.

A lo largo de su peripecia, nos muestra en toda su dimensión el drama de nacer y ser mujer en una sociedad, antes como luego y ahora, dominada por los prejuicios atávicos de una religión castrante utilizada como instrumento de poder y dominación, social y familiar. La protagonista bien podría ser la autora.

Estremece pensar que esa sociedad represora y totalitaria (entre la temible SAVAK del Shá y los Guardianes de la Fe de la República Islámica solamente se distinguen el color de sus uniformes y el largo de sus barbas), sociedad que parece ir siempre hacia el pasado, sea tolerada por la “comunidad internacional” bajo el paraguas del chantaje atómico y el peso de la billetera petrolera.

Cuesta aún más entender cómo los bienpensantes del mundo occidental bendicen -o callan en un silencio culposo- el régimen totalitario islamista con su vergonzante estela de colgamientos de supuestos homosexuales, lapidación de mujeres presuntamente adúlteras, torturas de probables “impíos” e “infieles”, por su supuesta pertenencia a una izquierda progre, lo que sea que signifique ello.

Lectura dura, de las que dejan huellas y el espíritu no sale indemne. En tiempos de indiferencia, una dosis de ello no viene mal.