Suave como la “Seda” la prosa de Baricco

 

Seda

En Compactos Anagrama, me deslizo a través de las 120 páginas de ésta delicia salida de la elegancia de refinado pianista que es Alessandro Baricco. Cuando la literatura tiene música, tiene poesía, sus letras despiden aromas y sonidos, el lector siente que hace eso, precisamente, deslizarse.

Las “nouvelles” (¿por qué la lengua cervantina carece de una palabra que diga tanto del género como esta en francés?) tienen ese no sé qué de brevedad e intensidad; esa cosa de un viaje que se hace sin escalas, una mañana o una tarde, y que deja el sabor de boca de la intensidad, de lo justo, de lo que muestra y de lo que sugiere, en un juego de seducción que semeja al de la mujer que bajo una tenue luz, al son de una música suave, levanta levemente su falda para sugerir, más que mostrar, la turgente elegancia de una pierna esculpida en poesía de formas.

En el viaje -literalmente, se trata no de uno sino de varios viajes, siempre al mismo lugar, el mismo trayecto, idéntico propósito hacia la pureza de la Seda– el autor nos sumerge en su cadencia, llevándonos junto al protagonista hacia las puertas mismas del mayor embrujo: el del misterio.

Baricco, con el arte de un compositor barroco, nos deleita con una música que envuelve, evocando aromas y paisajes, sonidos y sensaciones. El autor resume en una historia fascinante toda la aventura humana, dicha con el tono exacto de la poesía en prosa. Recuerda, cómo no, al Kawabata de “La casa de las bellas durmientes”, al Tanisaki de “El cortador de caña”, a “El mandarín” de Eca de Queirós o al Amos Oz de “De repente en lo profundo del bosque”, siendo como es él, singularísimo, personal e intransferible.

Una obra imprescindible de una autor mayor al que, por suerte, hemos leído gracias a no haber seguido el consejo de Schopenhauer que recomendaba que, “para no vernos expuestos al azar, sólo leyéramos libros escritos hace más de cien años”. No viviré para saberlo, pero tengo la íntima convicción de que dentro de cien años, “Seda” seguirá siendo leída.

…y olvidadas, las gotitas -gotas ahora- esperan…

 

Gotaza

Quizás la lluvia les haya olvidado, perdidos soldados dejados por un ejército en retirada. Ellas eran unas más de tantas y tanto jugaron son esa soledad acompañada en la percha de la ventana, que allí quedaron, abandonadas, solitarias. Como minúsculos murciélagos transparentes, colgadas de invisibles patitas, y sus dedos aferrados al muro frío, indiferente.
Fueron ellas, también, una poca de lluvia, pero desertaron, a la espera de una nueva batalla. Se aferran porque saben que una caída termina en aplastamiento. Saben de aquellas hermanas que miraba Julio desde su ventana parisina y ellas mismas sienten ese plaf de su final, doloroso final. Por eso esperan.
Tienen memoria las gotas. No querrán ser gotazas para terminar explotando en el suelo, sino volver a su hogar, el de la lluvia. No las engaña el sol. A ellas les ha bastado esconderse de la prepotencia de él, que todo lo puede.
Adoran el juego, las gotas. Se lo han pasado camufladas, sacando reflejos, ocultas detrás de los colores, haciendo música con el cristal tembloroso de su cuerpo. Se divierten las gotas.
Persistentes las gotas, para ellas no son las palabras duras. No hay muerte en la vida de las gotas. Apenas, quizás, el desaparecer en lo alto, invisibles, para volver de su eterno viaje.
Tienen razón las gotas. No esperan en vano.
En el horizonte una formación de nubes oscuras, corpulentas, cargadas de músculo, oscuras en su furia, anuncia que se prepara el rescate.
Mientras tanto, allí estarán, como si vivieran fuera del tiempo, que lo están. Eso, el tiempo, les pertenece.
Son pacientes ellas, las gotas. Sucede todo el tiempo con quienes saben que su destino está en otras manos, no las suyas, ocupadas en evitar una caída que aún no es tiempo de ser.

Herta bendita, faisán del mundo

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Cayó a mis manos, lector empedernido con un plan de lectura hecho para violarlo cada día, una pequeña Novela de Herta Müller, editada en español por Siruela, titulada “El hombre es un gran faisán en el mundo” . En tan sólo 120 páginas Müller -a quien muchos discutían su Nóbel- logra condensar todo lo humano, lo bello y lo trágico, la esperanza y la frustración, la miseria material y la otra, infinitamente peor, que existe en el mundo, el suyo y el nuestro, el pasado y el presente y, lamentablemente, también el futuro.

En 48 brevísimos capítulos, desarrolla una historia, varias historias en realidad, de un misérrimo pueblo suabo enclavado en su tierra, Rumanía, a la sombra eterna del imperio alemán. Son textos densos, verdadera poesía en prosa, en los que se sugiere mucho más de lo que se dice y la autora apela a la sensibilidad del lector cómplice para descubrir al ave tras las plumas.

Realmente encantadora, ideal para entrar y salir de ella en un día gris y lluvioso como el que me regaló la vida, para disfrutar una lectura que deja sabores en la boca, sensaciones en la mano y ecos en el alma.

Una autora de excepción, de la que, los lectores hispanohablantes, solamente hemos podido disfrutar en dosis homeopáticas. Aún así, vale la pena.

LA BICICLETA DE SUMJI, un paseo con Amos Oz

La bicicleta de Sumji

Cada cosa de Oz que leo me deja el sabor y aroma de esas cosas que parecen magia propia, la que proviene del territorio donde la inocencia y la sabiduría tienen un encuentro único, justo antes que la vida lo estropee todo. Amos Oz, como nos lo muestra en cada una de sus pequeñas piedras preciosas en forma de novela, parece no haber abandonado nunca ese maravilloso territorio. De esos casos donde el lector agradece al autor haber tenido el privilegio de asomarse a su arte.

DE REPENTE EN LO PROFUNDO DEL BOSQUE…la magia de Amos Oz

De repente en lo profundo del bosque

En la última semana de Diciembre de 2013, casi como un regalo de Navidad que me hice a mí mismo, leí esta belleza de novela corta del israelí Amos Oz, un autor que había venido postergando injustificadamente. Releo haber escrito al terminar su lectura : “¡Precioso! Raro encontrar este tipo de literatura hoy día, tan llena de magia, poesía y ternura”. Es así, una obra breve, intensa, pero escrita desde la ternura y la humanidad de un autor diferente. Para quien desee ingresar por primera vez a la fuente de agua fresca y cristalina que es la obra literaria del Premio Príncipe de Asturias 2007, ésta incursión en el bosque no puede, no debe, defraudar a nadie.