“Hijos de la mentira” en Amazon

hijos de la mentira

Compartimos una buena noticia: nuestra Novela “Hijos de la mentira” ha sido seleccionada por el Programa KDP de Amazon de publicaciones digitales, para participar durante todo el mes de Octubre de su promoción especial #PublicaConKindle en la que el libro en Formato Kindle estará disponible a tan sólo USD 0,99.

Se puede acceder a la misma a partir del 01/10/2016 en los siguientes enlaces:http://www.amazon.com/dp/B014JYAWM8 ohttp://www.amazon.com.es/dp/B014JYAWM8 ohttp://www.amazon.com.mx/dp/B014JYAWM8

También allí se puede acceder a un adelanto, con los primeros capítulos de la Novela, de forma gratuita.

 

Poesía sin corbata: “Deja que vuelva a la noche”

Deja que vuelva a la noche

 

…deja que sacuda de mi la noche,

que la espante de mis párpados dormidos,

deja que los sueños se evaporen

y se vuelen como palomas al viento

por las cornisas de la realidad;

déjame que espante los demonios

que arrastro pegados a las sábanas,

déjame, olvídate de lo que no fui

ya nada sacarás de mi –desierto-

que no hubieses sacado –secado- ya,

confundes cuenco con manantial

crees en paraísos que no supe alcanzar,

deja que me siente a lamer mis heridas

y olvida las cimas solamente imaginadas,

deja que sienta el sabor de la tierra

que me pide y reclama volver

allí, míralo, no le huyas, está el fin,

aunque pretendas que puedes ignorarlo;

anda, déjame, que vuelva a la noche…

Jean Paul Didierlaurent,o algo más que un simple lector de tren…

El lector del tren de las 6.27

Una novela extraña esta “El lector del tren de las 6.27” (Seix Barral, primera Edición en español 2016) del francés Jean Paul Didierlaurent, de quien, lo confieso sin rubor alguno, no había oído hablar hasta el momento que el libro cayó en mis manos, fruto de un regalo perfecto.

Extraña porque sus personajes son personas comunes, demasiado comunes podría decirse, signados por la grisura de sus vidas envueltas en la monotonía, la soledad y la frustración. Sin embargo, nada es lo que parece ser. Tampoco esas personas.

Su personaje principal, hombre que ama los libros, es el dedo ejecutor de una máquina infernal, “la Cosa”, que se encarga precisamente de destruirlos de la peor manera. Un viejo borracho, inválido producto de su trabajo destructor, logra recuperar lo perdido en forma de libros. Una limpiadora de retretes en un Centro Comercial no es solamente un limpiadora, sino que es capaz de escribir día a día sus reflexiones en un una notebook en las que tritura las fachadas de los clientes de su particular submundo de excrecencias. Ella misma es sobrina de una tía que de limpiadora jubilada deviene en filósofa capaz de crear una categoría propia de aforismos, a los que la sobrina designa como “tialogismos” y que son verdaderos dardos envenenados al castillo de apariencias que rodea sus vidas.

Una obra y autor que recuerdan al español Luis Landero, en especial su novela “El mágico aprendiz”, donde se dan cita los antihéroes capaces de hacer poesía desde una Caseta de Seguridad recitando alejandrinos.

Novela fresca y refrescante, que rinde homenaje a la literatura y a aquellos valores que la sociedad de consumo, masificada y alienante, pretende quitarnos. Un soplo de bienvenido aire fresco.

Poesía sin corbata: “He visto unos versos”

He visto unos versos

 

He visto unos versos

dizque escritos por mí,

tan sangrantes y doloridos

que cuesta reconocerlos tan luego;

no porque el dolor que los dictó

no esté allí, agazapado, acezante,

es porque el tiempo ha quebrado agujas,

ha triturado esperanzas y molido certezas;

es porque ni brújulas ni cuadrantes

son útiles ya, cuando el herido

navega al garete de sentimientos olvidados,

es porque las auroras tornan noches, apuradas,

porque las noches pintan calvarios, interminables,

porque a la esperanza le tirotearon por la espalda,

porque la ilusión es suntuario artículo perdido en góndolas;

porque ¿qué espera quien nada espera?,

porque ¿qué sueña quien nada anhela?,

porque aunque amanece a pesar de todo

hay ojos -los míos- que no quieren verlo,

porque de nada vale ver lo que no espero

pero tampoco vale esperar lo que, querer,

no quiero, ni siento, ni espero.

Julian Barnes: Shostakóvich en su laberinto stalinista

El ruido del tiempo

El magnífico escritor que es Julian Barnes, autor de más de una docena de novelas dentro de las cuales destaca “El loro de Flaubert”, se interna en “El ruido del tiempo” (Anagrama, 2016) en el terreno de la novela histórica, o historia novelada, abordando la fascinante vida del genial compositor ruso Dmitri Sostakóvich y su compleja relación con el omnímodo poder del stalinismo.

En tan sólo 200 páginas, Barnes logra una obra de una densidad impresionante, propia de una historia que no puede leerse en clave simplista de héroes y traidores. Se trata de ir a fondo en las complejidades de un individuo nacido para su arte, la música, al que la vida fuera de ella le resulta siempre un frágil bazar donde el más mínimo movimiento da por tierra con los cristales más finos, y que debe vivirla navegando por las aguas encrespadas del totalitarismo más brutal que haya conocido la historia.

Es, como dice la reseña de la obra, un “ejemplo particularmente desolador de las relaciones entre el arte y el poder”, ese poder omnímodo con el cual nunca nadie puede sentirse nunca seguro de nada, jamás, en ninguna circunstancia.

Es el particular descenso del hombre y el artista a su personal infierno de la mano de un Poder que no solamente encarcela y tortura, que destierra y desaparece, sino que comete el más terrible de los crímenes que es confiscar la voluntad y dignidad del individuo, obligándole a comportarse como rata de laboratorio huyendo del castigo o arrastrándose en busca de la recompensa. Es ese poder invisible y brutal que descarga el garrote, con razón o preferiblemente sin ella, sin dejar nunca de zarandear la zanahoria frente a los ojos de sus víctimas.

Nos muestra a un individuo que siente que cae, a cada paso, un nuevo peldaño en la escala humana, y que mantiene ese reflejo condicionado del superviviente, aún cuando el enemigo o la amenaza hayan desaparecido. Es el Shostakóvich que se siente usado, traidor de aquellos a quienes admira y vilipendiado por quienes, desde el confort de un elegante restaurante francés, pontifican sobre las bondades de ese régimen que le reduce a la calidad de mendigo.

!Qué fácil era ser comunista cuando nunca habías vivido bajo él!, exclama Dmitri Dimitróvich cuando debe escuchar las diatribas de un Picasso o un Sartre, instalados en la cómodo púlpito de un estado burgués.

¿Qué podría oponerse al ruido del tiempo, que es el poder? Sólo esa música que llevamos dentro -la música de nuestro ser- que algunos transforman en verdadera música. Que, a lo largo de las décadas, si es lo suficientemente fuerte y auténtica y pura para acallar el ruido del tiempo, se transforma en el susurro de la historia” .

A ello se aferraba el Shostakóvich músico, pero sobre todo, ser humano, demasiado humano tal vez. Para ser, al cabo del tiempo, susurro de la historia. Nada menos.

Monólogos bajo la lluvia: …”parecían haberse ido…”

Aguacero

 

Parecían haberse ido, para siempre. Durante días y días, semanas enteras, ni rastros de ellas. Perdidas. Olvidadas ellas.

Podría pensarse –algún despistado, locución amable para designar al desmemoriado, quizás lo haya hecho- que habían dado por perdida su eterna disputa con el Sol, ese engreído, y habrían dejado al “Astro Rey” que campara a sus anchas, ufano y arrogante como si el mundo entero le perteneciera y nada pudiera brillar sin él.

Inocentes. Crédulos y olvidadizos quienes ya desfilaban sombrillas y sombreros, los que, paradojales, salen a dar la bienvenida al Rey refulgente parapetados tras parasoles, escondidos en caparazones de protectores, tal como si el que festejan y veneran fuere un enemigo del que hay que defenderse y no ese supuesto amigo por el que mujeres y hombres, niños y ancianos, rubias platinadas y negros retintos, musculosos y panzudos, esbeltos y patizambos, cetáceas señoras y esqueléticas señoritas en los purititos cueros, todos ellos, Babel del Sol, tanto esperaban.

Pues nada. No hay fiesta que un día no acabe, aunque tozudos y torpes, sigamos olvidándolo.

Es así que, sin decir “aguas van” , y nunca tan al talle la vestimenta, en medio de la noche, sin que mediara sospecha ni aviso alguno, salvo los de algunos augures a los que por contumaces equivocados la Polis raramente cree, se desató la guerra.

Esta vez las minúsculas gotitas, insignificantes ellas en su soledad, temibles en la masa que forma mares y levanta tsunamis, se habían preparado a conciencia. Se formaron, unas reclutaron a otras, se condensaron, enfriaron, batallones enteros se hicieron heladas, gélidas, masa sólida, bólidos de hielo en picado, tromba que suena a trombón, agujas asesinas que caen, asaetean, urgentes y urgidas, graves e hirientes.

Tropas, tropeles de gotas, olas de agua bajando desde las montañas insondables del cielo convertido en caverna del diablo, napalm líquido que arrasa con todo lo que encuentra en su camino, torrente y torrencial. Una y otra vez, minutos y horas tras horas, más y más agua, escurriéndose, calando, ahogando, el cuento de nunca acabar.

El cielo que se confunde con el cielo en un abrazo líquido, helado, frío y duro, la promesa de vendetta cumplida, el Rey depuesto, huido, perdido, vencido, más que ello, humillado bajo vorágines de agua.

Son las mínimas hormigas que en silencio, una tras otra, horadaron el enorme tronco.

Ellas, las gotas, gotitas mínimas, olvidadas pero nunca vencidas. Parecían haberse ido, pero no. Volvieron.

Volverán a volver cuantas veces se nos ocurra olvidarnos de ellas. Tozudas gotitas.

“Maestra de almas”, la insondable pluma de Némirovsky

Maestro de almas

Una más de las obras de la autora, editada por Salamandra luego del impresionante éxito de “Suite francesa”, ésta novela fue originalmente editada por capítulos en el semanario parisino “Gringoire” entre Mayo y Agosto de 1939, tres años antes de su muerte en Auschwitz en 1942 víctima de la solución final nazi.

Némirovsky es, en cada obra suya, siempre distinta y sin embargo, la misma. En la novela narra la peripecia de un joven levantino, nacido en Crimea, que logra llegar a París junto a su joven mujer, y con un título de médico bajo el brazo busca dejar su pasado de miseria y humillación, solamente para descubrir que un emigrante nunca dejará de ser un desterrado y que el dinero, tras el que corre la vida entera, terminará convirtiéndose en liberación y cárcel. Darío Asfar siente en carne propia que para quien proviene de la miseria y la humillación, nunca se está lo suficientemente lejos ni lo bastante seguro de no volver a ella. 

Toda la literatura de Némirovsky está, inevitablemente, atravesada por los orígenes de la autora y la realidad que le toca vivir en una Francia -la del antisemitismo, la de la hipocresía de la alta burguesía parisina, paradigma de la frivolidad, el sexo, juego y alcohol como anestésico sucedáneo de una realidad demasiado cruda- que marcha de manera irremediable hacia el precipicio del nazismo.

 

“Novecento” o la poética musical de Baricco

Novecento

Más que un texto teatral, lo considero una novela corta o un relato largo, surgido tras la estela de “Océano Mar”, como si en esa novela no hubiera podido contar todas las historias que quería”  

Tal lo que dice Alessandro Baricco respecto de ésta obra.Reeditada por Anagrama en Edición Limitada, en tapa dura, se trata de una de las obras más emblemáticas de este autor turinés contemporáneo, con el que no dejo de sorprenderme y el que no deja de maravillarme.

Texto que originalmente adoptó la forma de pequeña obra teatral, y luego fue llevada al cine por parte de otro poeta de la imagen como lo es Giuseppe Tornatore, es el espíritu de la “nouvelle” en estado literariamente puro.

Música y poesía se van de ronda surcando mares y amarrando puertos, guiados por los milagrosos dedos del estrafalario genio Danny Boodmann T.D. Lemon Novecento. En tan sólo 80 páginas, Baricco nos muestra que es posible condensar una vida y todas las vidas, un puerto y todos los puertos. Es una clase magistral de cómo la música (ese idioma universal y atemporal que no necesita de traductores) es el puente que une esos puertos, sus tiempos y sus gentes.

Baricco, poeta de mágica pluma, empuña la batuta para hacer de sus extravagantes personajes, seres creíbles y encantadores.

Un texto mágico, sonoramente seductor como las notas que desgrana Novecento a través de las olas y los días, a bordo de su piano. Admirable.

Novecento Piano