Con Sábato, atravesando “El Túnel”…

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Por años, durante mi largo peregrinar por la lectura, Ernesto Sábato fue una materia pendiente. Muchos años ha, quise entrar en su obra a través de “Héroes y tumbas” y fracasé con total éxito. No una sino dos veces, al punto tal de haber pensado:…bueno, si tantos y tantos le veneran como un gran escritor, lo será, pero no es para mí…

Es gracias a mi hija, tan adicta a la letra impresa como un servidor, que me picó la curiosidad por intentar leer “El túnel” de la que ella me hablaba maravillas, no porque la novela invitara a bailar un vals en un salón vienés, sino porque a su entender -a pesar de su brevedad, o tal vez gracias a ella si uno piensa en “La Metamorfosis”- era y sigue siendo lo que suele llamarse una “obra maestra”.

A pesar de estar mayoritariamente agotado, la perseverancia dio sus frutos y logré hacerme de un ejemplar, nuevo, de la Edición de Cátedra, Serie Letras Hispánicas, editada y comentada por Ángel Leiva -un especialista en Sábato- cuya carátula precede a estos comentarios. Fue una suerte. La obra es, efectivamente, impresionante. Y lo es mucho más si uno consigue, gracias a más de 40 páginas de introducción, poner a la novela y al autor en el contexto de la época y de su vida.

Huelga decir que a Sábato se le conoce y recuerda como escritor, ensayista, pensador y novelista, amén de su participación en la CONADEP que investigó en la barbarie de la última dictadura militar argentina. Pero pocos, dentro de los que me incluyo, saben que Sábato fue, antes que ello, un matemático y físico becado en París. Esa formación científica impresa sobre una mente analítica, así como su origen, hijo de inmigrantes, su tiempo y circunstancias al decir de Ortega, sin duda alguna determinan su obra, y en especial esta novela que, según la define Leiva, pertenece a lo que él define como “la metafísica de la desesperanza”.

El Juan Pablo Castel, pintor,paranoico, obsesivo, maniático, racionalista y finalmente homicida, recuerda a algunos de los mejores personajes de Dostoievsky o, salvando las distancias, al Gregorio Samsa de Kafka. En un tour de force de poco más de 100 páginas, Sábato nos sumerge en un mundo oscuro y opresivo, donde respirar resulta difícil. El lector se ve irremediablemente arrastrado por la peripecia del protagonista, a pesar de que desde el inicio mismo se sabe el desenlace y la historia no es otra cosa que el proceso interior que le lleva a él.

Salido de semejante túnel, con los ecos de sus voces resonando dentro de mí, me animo a recomendar la empresa, no sin advertir al desprevenido lector que no saldrá de ese viaje absolutamente indemne. Yo no lo hice.

 

 

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Jean Paul Didierlaurent,o algo más que un simple lector de tren…

El lector del tren de las 6.27

Una novela extraña esta “El lector del tren de las 6.27” (Seix Barral, primera Edición en español 2016) del francés Jean Paul Didierlaurent, de quien, lo confieso sin rubor alguno, no había oído hablar hasta el momento que el libro cayó en mis manos, fruto de un regalo perfecto.

Extraña porque sus personajes son personas comunes, demasiado comunes podría decirse, signados por la grisura de sus vidas envueltas en la monotonía, la soledad y la frustración. Sin embargo, nada es lo que parece ser. Tampoco esas personas.

Su personaje principal, hombre que ama los libros, es el dedo ejecutor de una máquina infernal, “la Cosa”, que se encarga precisamente de destruirlos de la peor manera. Un viejo borracho, inválido producto de su trabajo destructor, logra recuperar lo perdido en forma de libros. Una limpiadora de retretes en un Centro Comercial no es solamente un limpiadora, sino que es capaz de escribir día a día sus reflexiones en un una notebook en las que tritura las fachadas de los clientes de su particular submundo de excrecencias. Ella misma es sobrina de una tía que de limpiadora jubilada deviene en filósofa capaz de crear una categoría propia de aforismos, a los que la sobrina designa como “tialogismos” y que son verdaderos dardos envenenados al castillo de apariencias que rodea sus vidas.

Una obra y autor que recuerdan al español Luis Landero, en especial su novela “El mágico aprendiz”, donde se dan cita los antihéroes capaces de hacer poesía desde una Caseta de Seguridad recitando alejandrinos.

Novela fresca y refrescante, que rinde homenaje a la literatura y a aquellos valores que la sociedad de consumo, masificada y alienante, pretende quitarnos. Un soplo de bienvenido aire fresco.

EL ARDOR DE LA SANGRE, una perla del joyero de Némirovsky

El ardor de la sangre

Una cruda tarde del pasado invierno en Piriápolis, cuando despuntaba el vicio de revolver libros en las góndolas de una estoica librería abierta para nadie, me encontré con Iréne Némirosvky. No con ella, materia combustible de la demencia nazi, sino con lo mejor de esa mujer increíble que ella fue. En tan sólo 39 años, los que van desde su nacimiento en Kiev hasta los hornos de Auschwitz, esta mujer joven hija de un banquero ucraniano judío, licenciada en La Sorbona -y exitosa a partir de la publicación de “David Golder”, cuyo protagonista es, precisamente, un banquero- se las ingenió para dejarle a sus hijas una maleta que contenía una de las más fascinantes obras literarias del Siglo XX.

“El ardor de la sangre” es, justamente, una de esas joyas encontradas en la maleta. Para quienes aún no conocen la obra de Némirovsky, ésta breve novela es una muy buena opción para comenzar a leerle. No sería raro que el lector convocado por ella, se sienta, como me sentí yo, atrapado en la telaraña de un mundo crudo pero fascinante, narrado con una profundidad humana sorprendente a una mujer que vivió en la época y lugar que le tocó vivir, y luego sufrir. Su “Suite Francesa”, publicada también muchos años después de su muerte, es su gran novela, pero de ello hablaremos en una próxima entrada.

En esa tarde inhóspita de Piriápolis, encontré que en 158 páginas cabe toda la literatura del mundo.

 

El lector y el tiempo

Biblioteca

En mi ya extensa carrera de lector inveterado e irredento, hubo un antes y un después, un punto de inflexión de inusual crueldad, el día que llegué a una, para mí, fatídica comprobación. A pesar de lo ya leído, ni todo el tiempo de vida que pudiera quedarme entonces -tal vez veinticuatro horas, pero haciendo de ello una cuestión estadística, todavía unos cuantos años-, habían de bastarme ni remotamente para leer todo aquello que creía imprescindible y aún no había leído.

Tal vez a todo lector, en algún momento de su vida, llegue a caerle este aldabonazo que irremediablemente nos ha de dejar un regusto amargo en la boca y la perniciosa sensación del tiempo perdido, o más exactamente, mal utilizado. No menos cierto es que, llegado a ese punto, salimos con la certeza de que en adelante, ya no seremos los mismos. Nos volvemos más selectivos. Vamos a por lo seguro, si es que ello es posible en literatura. Dejamos, sin tantos pasados pruritos, que otros con más sapiencia y recorrido nos aconsejen y sugieran, y hasta seremos capaces -oh, sacrilegio que otrora jamás nos habríamos permitido- de dejar un libro por la mitad, sin que por ello nos invada sentimiento de culpa alguno.

Pero claro, de las más sanas intenciones está empedrado el camino al fracaso y como toda decisión humana, lo que hoy es incontrovertible, mañana puede no serlo cegados por la luz de una nueva tentación. Agradezcamos también eso, porque de lo contrario nos habríamos convertido en fundamentalistas de una religión sin más sustento que la propia certeza de estar en lo correcto y nos habríamos perdido de disfrutar descubrimientos que no figuraban en nuestras prioridades.

Así las cosas, desde entonces como lector tengo metas. Al cabo, aunque que leer es antes que otra cosa un acto placentero y lúdico, es casi siempre también una necesidad vital y por tanto, como todas, factible de encuadrar dentro de planes y objetivos.

Con esos criterios es que he comprado el 30% de mi biblioteca que sigue en lista de espera a que le llegue su turno y de la misma manera, es que mantengo una lista de aquéllas obras que me siguen pareciendo imprescindibles. Con esos títulos y autores esperándome, siento que la intemperie del camino se vuelve un poco menos hostil.

#RetoLibro2015

  1. Un libro con más de cien años :  GUERRA Y PAZ , obra cumbre de León Tolstoi, publicada en 1869.
  2. Un libro que te haga llorar: SUITE FRANCESA , publicada en 2004, de la escritora Iréne Némiróvski, judía nacida Ucraniana y criada en Francia, muerta en Austchwitz.
  3. Un libro ambientado en otro país: EL SONIDO DE LA MONTAÑA, es una de las grandes novelas del escritor Japonés Yasunari Kawabata, publicada en 1954.
  4. Un libro de más de 500 páginas: RAYUELA la gran novela experimento, publicada en 1963, del escritor argentino Julio Cortázar.
  5. El primer libro de un autor popular:  OYE AL VIENTO CANTAR (primera entrega de la Trilogía de la Rata), editada en 1979 es la primera novela publicada por Haruki Murakami.
  6. Un libro basado en una historia real: pabellón de cáncer,  Novela autobiográfica del Nobel ruso Alexandr Solzhenitzin, publicada 1968.
  7. Un libro escrito por una mujer:  ORGULLO Y PREJUICIO, escrito por la escritora británica Jane Austen, publicada anónimamente en 1813
  8. Un libro escrito por un menor de 3 años: aprendí a leer a los 5 años, fíjate…
  9. Un libro al final de tu lista de libros por leer: mi lista aún no tiene final, hasta que yo lo tenga al menos…
  10. Un libro releído: “Crónica de una muerta anunciada” y “El otoño del Patriarca” , escritas por Gabriel García Márquez (no releo, pero…)
  11. Un libro de tu infancia: CUENTOS DE LA SELVAde Horacio Quiroga, publicado en 1918.
  12. Un libro diario: CUADERNOS DE LANZAROTE, de José Saramago.
  13. Un libro que puedas leer en un día: LA CARRETERA (The Road), novela de Cormac McCarthy, si se empieza se termina, pero no se deja.
  14. Un libro que te transporta:  HERMANA MÍA, MI AMOR, de Carol Joyce Oates
  15. Un libro pendiente por leer: EL TAMBOR DE HOJALATA, escrita por Günter Grass , publicada en 1959.