Poesía sin corbata: Nadie te espera en Ítaca

 

Camino a Ítaca

Viajero, no apures tus pasos

Espera, no consumas tu camino

Haz un alto, respira y mira, viajero

Mira hacia los lados, hasta tu tiempo

Siente lo que vas dejando atrás

Palpa la compañía de tu pasado

Siente la mano de quien partió contigo

Haz un alto, respira y mira, viajero

Observa de tu derredor que te rodea

Haz que tus oídos oigan al colibrí

Que tus manos palpen la flor

Huele el viento y escucha el dolor

Escucha lo que has dejado atrás

Es tu vida, viajero, lo que dejas

Lo que llevas eres tú, viajero, tuyo es

Más, por inútil, no apures tu paso

Nadie os espera en Ítaca, nadie

Después de Ítaca, la soledad

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Ítaca en mi sueño o Cavafis rescatado

viaje-a-Ítaca

Cuando emprendí mi viaje a Ítaca
supe que el camino sería largo,
lleno de desventuras, harto de amarguras.
Partí advertido: No abraces serpientes ni comas sapos,
ni oigas las diatribas de los coléricos Poseidones;
seres tales jamás hallarás en tu camino
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a las serpientes ni a los sapos
ni al desastrado Poseidón encontrarás
si no los llevas dentro de tu alma,
si tu espíritu no los pone frente a ti.

Supe que el camino sería largo.
Que muchas habrían de ser las mañanas
en que llegando -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes;
detenido en los emporios del arte
me hice con hermosas poesías,
cantos de nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de músicas sensuales,
cuantos más abundantes cantos sensuales pude.
Fui a muchas ciudades, Babilonias infinitas
a aprender, a aprehender de sus sabios libros.

Tuve siempre a Ítaca en mi mente,
porque llegar allí era -es- mi destino.
Más no debo apresurar nunca el viaje.
Mejor si todavía durase muchos años
para que cuando atraque, viejo ya, en la isla,
beneficiado de cuanto hube ganado en el camino
no espere a que Ítaca me enriquezca.

Ítaca -su sueño- me brindó un hermoso viaje.
Sin soñar con ella no habría emprendido el camino.
Pero en llegando. ya nada tendrá para darme.

Y aunque entonces, la halle pobre, Ítaca no me habrá engañado.
porque así, paciente como vuelvo, con tanta experiencia,
habré entendido, al fin, qué significaba Ítaca en mi sueño.

Poesía sin corbata: “Quisiera”

Quisiera

 

Quisiera ser una nube, etérea nube

Una rebelde nube para desafiar al viento

Una porfiada nube para contrariar al sol

Una enamorada nube para rozar el vello

De aquél pubis apenas visto, tal vez soñado

Quisiera ser la lluvia cálida del verano

Para esconderme en su bosque de gotas

Y caerle como un colibrí a la flor

Para penetrar en ese pubis apenas imaginado

Quisiera ser colibrí o mariposa

Mariposa o colibrí tanto da

Con alas y mirada de águila

Para caer encima de tu pubis tan extrañado

Quisiera ser pero no soy sino apenas

Un burdo bardo, torpe y desmañado

Que sueña desde el remoto pasado

Con los rizos de tu pubis, tal vez engañado

Quisiera ser águila, colibrí o mariposa

Surcar los cielos, Cabalgar la lluvia

Ondear los vientos y sortear el tiempo

Para beber el néctar de tu pubis, siempre añorado

 

 

Poesía sin corbata: “…y en el Principio, fue la Palabra…”

palabras

Y en el Principio fue la Palabra, hablada

y la palabra fue

palabra  compartida

*

Y luego la palabra fue cantada,

y el canto fue

Oda y alegría

*

Pero más luego, la palabra fue gritada,

 horca y Muerte fue la palabra

fue locura desatada

*

Más también fue escrita, la palabra

y fue canto de amor y esperanza

fue pasión, fue locura

más también, poesía,

fue poesía y vida,

la palabra

*

Poesía sin corbata: “Preguntas vanas”

preguntas-vanas

¿Vivimos pensando en la muerte para vivir, o
morimos pensando en la vida para no morir?
¿Será hoy, o mañana, cuándo y dónde?
¿Cuántas veces el calendario nos oculta esa fecha?
¿Lo hace por ignorante o por cómplice de ella?
¿Cuál será el instante del último abrazo?
¿El del último beso, la postergada caricia?
¿Cuántos te quiero quedarán presos del silencio?
¿Cuántos perdones no serán dichos a tiempo?
¿Cuántos olvidos permanecerán olvidados?
¿Cuántos, cuáles recuerdos llegarán a tiempo?
¿Qué día y hora nos espera con el adiós?
¿Cuál será la última línea escrita, ignorante de serlo?
¿Cuál ese libro postergado que no llegamos a leer?
¿Qué sol será ese sol del último amanecer?
¿Cuál habrá de ser la luna nueva que no llegará a llenar?
¿Cuánto de la muerte tendrá esa postrera puesta de sol?
¿Y de los sueños, qué fue de ellos, dónde y cuándo perdidos?
¿Cuánta vida guarda el mañana, si la guarda?
¿El tiempo acabado será suficiente para una última sonrisa?
¿Cuándo y dónde será el hoy sin mañana?

Poesía sin corbata: “Deja que vuelva a la noche”

Deja que vuelva a la noche

 

…deja que sacuda de mi la noche,

que la espante de mis párpados dormidos,

deja que los sueños se evaporen

y se vuelen como palomas al viento

por las cornisas de la realidad;

déjame que espante los demonios

que arrastro pegados a las sábanas,

déjame, olvídate de lo que no fui

ya nada sacarás de mi –desierto-

que no hubieses sacado –secado- ya,

confundes cuenco con manantial

crees en paraísos que no supe alcanzar,

deja que me siente a lamer mis heridas

y olvida las cimas solamente imaginadas,

deja que sienta el sabor de la tierra

que me pide y reclama volver

allí, míralo, no le huyas, está el fin,

aunque pretendas que puedes ignorarlo;

anda, déjame, que vuelva a la noche…

Poesía sin corbata: “He visto unos versos”

He visto unos versos

 

He visto unos versos

dizque escritos por mí,

tan sangrantes y doloridos

que cuesta reconocerlos tan luego;

no porque el dolor que los dictó

no esté allí, agazapado, acezante,

es porque el tiempo ha quebrado agujas,

ha triturado esperanzas y molido certezas;

es porque ni brújulas ni cuadrantes

son útiles ya, cuando el herido

navega al garete de sentimientos olvidados,

es porque las auroras tornan noches, apuradas,

porque las noches pintan calvarios, interminables,

porque a la esperanza le tirotearon por la espalda,

porque la ilusión es suntuario artículo perdido en góndolas;

porque ¿qué espera quien nada espera?,

porque ¿qué sueña quien nada anhela?,

porque aunque amanece a pesar de todo

hay ojos -los míos- que no quieren verlo,

porque de nada vale ver lo que no espero

pero tampoco vale esperar lo que, querer,

no quiero, ni siento, ni espero.

Poesía sin corbata: “Ser no supo, el Abecedario”

Ser no supo, el Abecedario

Un día perdió el olfato

y no le importó,

porque lo de él, no eran

los aromas

*

Otro día perdió el gusto

pero no se quejó,

porque no era lo suyo

los sabores

*

Y una vez perdió el tacto

pero no le afectó,

porque ése no era

su asunto

*

Más luego careció del oído

y amargamente lo lamentó,

porque letra era

 la canción

*

Por fin hubo de faltarle vista

y cuánto gimió y lloró,

porque letras eran

Poesía

*

Más aún –todavía- debió perder memoria

que guardaba aromas, sabores

caricias, canciones,

Poemas

*

Tantos sueños soñados

tantos vividos

sueños del ser amado,

entonces,

ser no supo,

el abecedario

*

Poesía sin corbata:”Misteriosa señora, la distancia”

Mujer mirando al sur

Hoy me ha visitado

misteriosa señora, la distancia

y me ha preguntado

¿qué es lo que atormenta tu alma?

¿ tú eres el olvido?,

le he apremiado;

-no lo soy- me ha respondido,

olvido, es la indiferencia

ausencia, es presencia ausente,

presencia, es ausencia ausente,

para los sentimientos -caro amigo-

yo no existo;

para el amor soy motor, soy dolor

pero ayer y hoy

agridulce esperanza, soy

Poesía sin corbata: “Tus doradas espigas”

Doradas espigas

Alboreaste mi vida cuando todo era grisura,

cuando el tedio anegaba de frío mi cuerpo

y se había convertido en desértica llanura,

para insuflar danzarines aires de aventura

en el soplo silente de la brisa que recorre

montes y lagunas, llevando a lomos la frescura

del amor cumplido en una bella sonrisa.

*

Se levantaron en tu azaroso camino

inclementes tormentas de cruel insidia,

debiste derribar luengos muros de envidia

sin perder la preciosa carga de la buenaventura.

*

Entonces, no hubo ojos que vieran en tu mirada,

ni oídos que gozaran de tu dulce risa argentina,

Hubo si olfatos sensibles al perenne aroma

brotando de tu piel de espliego, lavanda y mirra,

para quedarse en delante dulcemente esclavos

del imperio eterno de tus doradas espigas.

*

Afrodita siempre viva en las olas

que bañan los sueños del Poeta,

puestos en la Barca de sus versos

el pasado de amor y dicha compartidas,

y el futuro incierto que ella encierra

esquivo y traidor como antes no fuera.

***