alfred nobel

Poéticas poco cínicas y muy insuficientes (según Sergio Marentes)

¿quién se iba a imaginar que usted inventaría la peor arma de todas?

(y bien sabe usted que no hablo de la dinamita ni de ningún artilugio químico)

seguramente usted sí, don nobel, y por eso dejó su testamento bien claro

para que lo incumplieran por completo sus herederos rechonchos

¿quién se iba a imaginar que usted inventaría la peor arma de todas?

¿quién se iba a imaginar que habría ingenuos que ofrecieran su cuello para ella?

¿quién diría que luego de más de cien años todavía habría quién la usara?

¿quién diría que con lo obsoleto colonizaran a los hombres más informados de la historia?

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Monólogos con la Lengua: El escritor de cartas…

cartas

 

Escribiré cartas.

Anacrónicas cartas, manuscritas para que sean tales. En lugar de diario: cartas. Con lo que pasa, con lo que me pasa. Cartas al viento, botellas al mar. Cartas a nadie. O a todos. Cartas de cumpleaños, porque si el destinatario no vale el tiempo de escribir una carta, entonces no vale, ni para eso ni para ninguna otra cosa. Cartas de familia, de amigos, de reclamos, de consejos y pedidos de consejos, cartas de disculpas y perdón, de amor y cariño, de odio espero que no.

Cartas que obliguen a buscar la hoja, tomar un bolígrafo, elegir el espacio y el momento. Cartas que exijan pensar, escoger las palabras, el valor de lo meditado en contraposición a la frívola instantaneidad reinante. Cartas que serán enviadas o no. Aunque no lo sean, como si lo fueran.

La palabra escrita huyendo de lo transitorio, de lo banal, escapando del momento en busca del tiempo. Un tiempo distinto, detenido un instante, una fracción, la de ese suspiro escapado porque el pensamiento corre más rápido que la mano, o por el contrario, porque ella descansa, nerviosa, dando vueltas al lápiz entre los dedos, mientras esa palabra rebelde, huidiza, se niega a aparecer.

Tiempo distinto el de pensar, el de escribir, el de enviar con el de recibir, sorprenderse, rasgar y leer. Distinto y posterior. Una oruga -el tiempo- que había arrollado formando una bolita y ahora se extiende cuan larga es, morosa y paciente entre tanta inútil impaciencia. Cartas que obliguen a pensar, como Onetti lo hiciera, que nunca el destinatario de una carta es el mismo cuando se la está escribiendo que cuando haya comenzado a leerla. El rocío de la mañana habrá transmutado en los acordes de un atardecer apacible, pero ello será suficiente para hacerlo distinto.

Si. Aunque vivamos el tiempo del ya y ahora mismo, del escribo ahora y pienso luego, yo escribiré cartas. De las que seré testigo. Tal vez, también, rehén.

Por eso, cartas escribiré.

Chirbes, desde “En la orilla” nos muestra el fondo de las cosas…

Maquetación 1

 

Mentiría si dijera que la literatura de Rafael Chirbes me ha tomado por sorpresa. Desde hacía largo tiempo sabía que me debía, y le debía al autor español fallecido en 2015, por lo menos una primera aproximación y hacia allí me encaminé con “En la orilla”, sabiendo desde el principio que no iba a recorrer un prado lleno de flores donde discurrirían arroyuelos de cantarinas aguas.

Así fue. Dura, cruel, descarnada, oscura e inclemente como una noche de invierno a la intemperie. Realista, dicen. Hiperrealista, afirmo. Quien busque pasatiempo, evítelo como a la peste. No hay aquí tiempo para el escapismo.

De un pesimismo agobiante, crudo retrato de una sociedad española profundamente disfuncional heredera de una Guerra Civil que parece prolongarse -más allá de las armas- en los recuerdos, y de un autoritarismo que sigue allí larvado, creando dioses con pies de barro y ficticios manantiales de prosperidad a la sombra de la más cruda de las especulaciones y la más obscena explotación. Con las apariencias, el poder y el dinero como ejes, con la ironía y el más descarnado cinismo como armas, Chirbes disecciona todo el capital de hipocresía de la sociedad española del euro y la plata fácil, acomplejada en sus sueños de grandeza, olvidada de aquella sentencia que decía que “los Pirineos es donde África termina hacia el norte”.

A pesar de su crudo realismo, el autor apela a un simbolismo de profundo significado. En la novela, el pantano es el centro mismo de la peripecia de los protagonistas, pero también lo es de la propia condición humana.

Opresiva, la prosa de Chirbes, sin embargo, no se priva de poesía. Sus personajes son oscuros y trágicos, miserables y retorcidos, pero sin embargo, hay detrás de cada uno de ellos, un trasfondo de dolorida poesía, espesa y opresiva como la historia misma que relata. La naturaleza a la que apela Chirbes como marco de un ir y venir de sus atormentados personajes, es el propio reflejo de esas ruindades humanas que el autor retrata con mano de pintor.

Si se me permite, una obra mayor.

 

Hallado en un cuerpo

Fernández de Palleja

Breve nota introductoria.

En las bases del concurso Onetti figuraba un inciso según el cual se preveía otorgar menciones a aquellas obras que abordaran temáticas de género y diversidad. Eso me parecía un extremo ridículo de lo políticamente correcto. Resolví que tenía que protestar de un modo divertido, por lo cual escribí el primero de los textos que se pueden leer en el minilibro de poemas que presento a continuación. Es cierto que empecé con una mueca irónica pero una cierta sensación me fue ganando, por lo que terminó siendo otra cosa, algo así como una autobiografía en breves textos de un personaje muy particular.

1

Soy puto,
negro,
pobre,
fronterizo,
bailo mal,
no sé cantar,
tengo barba larga,
olor a chivo,
unos cartones,
un vino
y una foto
autografiada
por el más lindo,
escribo para él,
para algo habré
aprendido
a escribir,
creo que más
que nada
soy poeta,

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Poesía sin corbata: “Preguntas vanas”

preguntas-vanas

¿Vivimos pensando en la muerte para vivir, o
morimos pensando en la vida para no morir?
¿Será hoy, o mañana, cuándo y dónde?
¿Cuántas veces el calendario nos oculta esa fecha?
¿Lo hace por ignorante o por cómplice de ella?
¿Cuál será el instante del último abrazo?
¿El del último beso, la postergada caricia?
¿Cuántos te quiero quedarán presos del silencio?
¿Cuántos perdones no serán dichos a tiempo?
¿Cuántos olvidos permanecerán olvidados?
¿Cuántos, cuáles recuerdos llegarán a tiempo?
¿Qué día y hora nos espera con el adiós?
¿Cuál será la última línea escrita, ignorante de serlo?
¿Cuál ese libro postergado que no llegamos a leer?
¿Qué sol será ese sol del último amanecer?
¿Cuál habrá de ser la luna nueva que no llegará a llenar?
¿Cuánto de la muerte tendrá esa postrera puesta de sol?
¿Y de los sueños, qué fue de ellos, dónde y cuándo perdidos?
¿Cuánta vida guarda el mañana, si la guarda?
¿El tiempo acabado será suficiente para una última sonrisa?
¿Cuándo y dónde será el hoy sin mañana?

Con Sábato, atravesando “El Túnel”…

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Por años, durante mi largo peregrinar por la lectura, Ernesto Sábato fue una materia pendiente. Muchos años ha, quise entrar en su obra a través de “Héroes y tumbas” y fracasé con total éxito. No una sino dos veces, al punto tal de haber pensado:…bueno, si tantos y tantos le veneran como un gran escritor, lo será, pero no es para mí…

Es gracias a mi hija, tan adicta a la letra impresa como un servidor, que me picó la curiosidad por intentar leer “El túnel” de la que ella me hablaba maravillas, no porque la novela invitara a bailar un vals en un salón vienés, sino porque a su entender -a pesar de su brevedad, o tal vez gracias a ella si uno piensa en “La Metamorfosis”- era y sigue siendo lo que suele llamarse una “obra maestra”.

A pesar de estar mayoritariamente agotado, la perseverancia dio sus frutos y logré hacerme de un ejemplar, nuevo, de la Edición de Cátedra, Serie Letras Hispánicas, editada y comentada por Ángel Leiva -un especialista en Sábato- cuya carátula precede a estos comentarios. Fue una suerte. La obra es, efectivamente, impresionante. Y lo es mucho más si uno consigue, gracias a más de 40 páginas de introducción, poner a la novela y al autor en el contexto de la época y de su vida.

Huelga decir que a Sábato se le conoce y recuerda como escritor, ensayista, pensador y novelista, amén de su participación en la CONADEP que investigó en la barbarie de la última dictadura militar argentina. Pero pocos, dentro de los que me incluyo, saben que Sábato fue, antes que ello, un matemático y físico becado en París. Esa formación científica impresa sobre una mente analítica, así como su origen, hijo de inmigrantes, su tiempo y circunstancias al decir de Ortega, sin duda alguna determinan su obra, y en especial esta novela que, según la define Leiva, pertenece a lo que él define como “la metafísica de la desesperanza”.

El Juan Pablo Castel, pintor,paranoico, obsesivo, maniático, racionalista y finalmente homicida, recuerda a algunos de los mejores personajes de Dostoievsky o, salvando las distancias, al Gregorio Samsa de Kafka. En un tour de force de poco más de 100 páginas, Sábato nos sumerge en un mundo oscuro y opresivo, donde respirar resulta difícil. El lector se ve irremediablemente arrastrado por la peripecia del protagonista, a pesar de que desde el inicio mismo se sabe el desenlace y la historia no es otra cosa que el proceso interior que le lleva a él.

Salido de semejante túnel, con los ecos de sus voces resonando dentro de mí, me animo a recomendar la empresa, no sin advertir al desprevenido lector que no saldrá de ese viaje absolutamente indemne. Yo no lo hice.

 

 

Parinoush Saniee, una voz al descubierto…

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Luego de la formidable “El libro de mi destino”, donde Saniee (Teherán, 1949) nos pinta un crudo retrato de la sociedad iraní de la “República Islámica” a través del relato de la vida de una mujer sometida a la violencia familiar, social, religiosa y política, resultaba casi imprescindible ir tras la lectura de su otra novela posterior: “Una voz escondida”.

Basada en una historia supuestamente real de un niño que no habló hasta más allá de los 7 años de edad, es precisamente a través de ese niño que se refugia en el silencio como arma contra la injusticia, la violencia, la ignorancia y discriminación, que la autora nos sumerge en un mundo donde el individuo nace condicionado por el lugar, la religión, el sexo, la posición social de la familia y el peso de unas tradiciones que suelen actuar como leyes inviolables donde la libertad del individuo nada tiene que hacer.

Otra historia profundamente humana, dolorosa pero no exenta de ternura y poesía, de la mano de un niño que sufre pero no se resigna y hace de su silencio militante el más desgarrador grito en pos de una libertad que se le niega. Es también un sonoro alegato del poder del amor y el cariño sin condiciones, encarnado en una abuela que oye y ve donde otros no pueden hacerlo, porque tienen oídos pero no oyen, tienen corazón pero lo han cerrado para nada que no sea ellos mismos.

El pequeño Shahab bien podría ser cualesquiera otro de los millones de iraníes sojuzgados por una sociedad patriarcal y represiva, por la violencia del totalitarismo y el fanatismo religioso.

La de Parinoush Saniee, a través de sus únicas dos novelas publicadas, se revela como una potente voz al descubierto, que clama en medio del silencio por lo que los seres humanos hemos luchado desde el fondo de la historia: nuestro derecho a ser nosotros mismos, únicos e irrepetibles, en libertad. Nada menos.

 

John Boyne y el horror tras un piyama a rayas…

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Al contrario de lo que me suele suceder con las novelas que luego dan origen a películas, más o menos fieles -todo cuanto podrían serlo- a aquellas, en el caso de “El niño del piyama de rayas” vi primero la película y luego recién pude conseguir la obra escrita. Éste hecho, quizás, haya condicionado la lectura, en tanto las imágenes están ya allí, prestas a colocarse en su lugar a medida que vamos leyendo, y eso, de alguna forma, condiciona la lectura.

No obstante, lo que me interesa comentar -y, modestamente, recomendar– es la novela escrita. Quien luego, si no lo ha hecho ya, desee ver la película, será un interesante complemento porque se trata de un filme correcto, bien filmado, con actuaciones convincentes.

No es raro encontrar en la Babel de la internet, quienes catalogan a la novela como “literatura infantil”, tal vez porque -otra razón no se nos ocurre- el protagonista es Bruno, un niño de 9 años, y es él quien relata la historia, pero nada más lejos de ello. No es literatura infantil bajo ningún concepto.

Se trata sí de una aproximación al horror del Holocausto judío desde la mirada inocente de un niño alemán, hijo de un nazi asignado como Comandante nada menos que en Auschwitz. Un niño que como todos ellos, como nosotros cuando lo fuimos, no sabe de razas, ni de destinos predeterminados ni mucho menos de supuestas superioridades que pretextan exterminios, de los que tampoco sabe. Un niño al que le es arrebatada su condición, estando en el bando del Poder, tanto como a las víctimas de éste. Es un viaje desde la más pura inocencia, hacia un mundo incomprensible donde nada parece ser lo que es y donde esa inocencia, como la amistad, no tiene lugar.

Es el horror en estado puro, puesto de forma descarnada, en el lenguaje y el asombro de ese niño, víctima de un delirio del que no pidió ser parte.

Una lectura ineludible que nos recuerda, una vez más, que los seres humanos no siempre solemos ser humanos. Allá en Auschwitz hace más de 60 años, acá en el mundo -tanto puede ser Siria como cualquier otro- hoy mismo, frente a nuestros ojos, y los de nuestros niños.

 

 

“Hijos de la mentira” en Amazon

hijos de la mentira

Compartimos una buena noticia: nuestra Novela “Hijos de la mentira” ha sido seleccionada por el Programa KDP de Amazon de publicaciones digitales, para participar durante todo el mes de Octubre de su promoción especial #PublicaConKindle en la que el libro en Formato Kindle estará disponible a tan sólo USD 0,99.

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También allí se puede acceder a un adelanto, con los primeros capítulos de la Novela, de forma gratuita.