El Despertar de Handke

Los avispones

No suelo leer Premios Nobel recién salidos del horno. Es la regla, pero toda regla tiene su excepción, sobre todo si viene recomendada por alguien con quien hemos compartido mutuos y queridos descubrimientos. Así que Handke, ahora y aquí.

Ni en “El juego de las preguntas”, ni en “El momento de la sensación verdadera” encontré motivos para entusiasmar a un lector de largo recorrido, aunque torpe comprensión tal vez.

En cambio, en “Los avispones” (Nórdicalibros, 2010, traducción de Anna Montané) puede vislumbrarse el talento de un autor que, eso sí no puede discutirse, resulta sumamente original. Y es paradójico que aparezca en ésta que es su primer novela, publicada en 1966 cuando el autor tenía tan sólo 24 años, un austríaco hijo de la Segunda Gran Guerra nacido en el epicentro de ella. Tal vez porque su literatura de entonces, está teñida de lo que ese niño debió vivir como parte de su propio ser niño.

Transcribo los primeros párrafos de un breve Capítulo, titulado “El despertar”, que creo resume con sutil maestría la profundidad de su prosa a edad tan temprana:

En el tiempo que transcurre entre que uno se despierta y se nota despejado, en el tiempo que media entre el latido por el cual, habiendo dormido, el que está acostado vuelve a ser consciente de sí mismo y el latido por el cual también los sentidos del que está acostado vuelven en sí y de nuevo puede oír y oler y gustar, en este tiempo, dijo mi hermano, la conciencia se halla desnuda e indefensa.

Como todavía carece de los sentidos, el que está acostado no puede defenderse de los pensamientos que le vienen a la mente; en cambio, cuando ya está espabilado, puede llegar a un arreglo amistoso con ellos: puede ofrecerles de comer, obsequiarlos con bebidas sabrosas, apaciguarlos cuidadosamente con los dedos, acallarlos con discursos, ahogarlos con ruidos o debilitarlos con cualquier otro estímulo físico. Por contra, me explicaba mi hermano, el tiempo que media entre el despertar y el momento en que el que está acostado es dueño de su razón, es un tiempo peligroso, es un mal tiempo, es el tiempo del arrepentimiento que hace encoger de vergüenza, el tiempo del sudor, dijo él, el tiempo de la verdad, el tiempo claro, el tiempo de la era glacial, tiempo de guerra, dijo él, es el destiempo.”

Habla Handke, y lo hace mejor de lo que yo podría describir. Entonces, es tiempo de oír, leyendo.