pepe-censura

El arte ya se sabe -todo arte desde las cavernas a hoy-, es subjetivo. Lo que para unos puede ser una obra maravillosa, para otras simplemente es un esperpento.

Según informa el Diario “El País” de Montevideo, “Génesis Uruguay, la obra del artista Julio de Sosa que muestra a dos figuras que recuerdan al expresidente José Mujica y a su esposa, Lucía Topolansky desnudos como Adán y Eva fue levantada ayer por orden policial, según informó la propietaria de la galería, Diana Saravia.”

El artículo de “El País”, sigue diciendo “La obra estaba en exposición desde la semana pasada . “Me pidió permiso para que la podamos exhibir en la galería y le dije que sí porque me parece divertido lo que hace”, dice Saravia. “Me gusta, me parece diferente y tengo la tesitura de tener obras acá que si bien no gustan a todo el mundo o no están perfectamente realizadas, las expongo a mi criterio, si me gustan”.

“Colgamos la obra y cada vez que lo hago la difundo por las redes sociales”, contó la galerista. “El martes a las ocho de la noche aparecieron dos policías que vinieron a citarnos a declarar ante el comisario en Jefatura“. Cuando concurrió a la sede policial, dice, “me pidieron que por delicadeza la obra fuera descolgada”, dice. “Y un pedido de la policía lo cumplo”.

De acuerdo a Saravia, en Jefatura les informaron “que la orden era de arriba, que no había una denuncia y que la orden era de una jueza de noveno turno“, afirma Saravia.

La obra en cuestión mide un metro de alto y en ella se “representa el Paraíso con dos personas que se parecen mucho a Mujica y Topolansky” dice Saravia. “Seguramente están inspirados en ellos y el artista lo hizo como un homenaje, dibujados en el jardín de su casa en Punta Yeguas”.

Hasta aquí lo informado por “El País” sin que haya mediado desmentido alguno de los locuaces aludidos.

En el Uruguay laico y liberal, la censura no es nueva. Fue una regla durante la Dictadura militar desde 1973 a 1984, lo que resultaba lógico. Pero no quedó con la Dictadura recién extinguida, sino que por 1986, el entonces Intendente de Montevideo (uno de los peores que la historia recuerde) Jorge Luis Elizalde, prohibió la Muestra “Espejo…a veces” del artista Pablo Larroca -alguien que constituye un embajador de lujo del arte uruguayo- porque “las obras aludidas agredían la sensibilidad y moral media de los espectadores” según expresara el censor.

Nos recuerda Larroca, que “Elizalde recurrió, mediante la difusión de fotografías toscamente fragmentadas de mis obras, a la obtención de apoyo institucional para justificar aquella medida. Respaldo que le proporcionó inmediatamente una gran parte de los parlamentarios del gobierno uruguayo. Una comprensión rudimentaria y sesgada por intereses ajenos a las esferas del arte se adueñó de una muestra de dibujos que fue calificada como pornográfica. Sumergidos en cólera, políticos de todos los partidos (desde Francisco Rodríguez Camusso -Frente Amplio-, pasando por Juan Raúl Ferreira, Luis Alberto Lacalle, Jaime Trobo –Partido Nacional- y Raumar Jude –Partido Colorado) argumentaron con irrespeto (algunos, hasta con inoculta agresión) dejado en evidencia la profunda ignorancia del tema al que aludían.”

Sin embargo el exabrupto del impresentable Intendente no quedó impune. Le renunció su Director de Artes Plásticas Manuel Espínola Gómez, y tras el escándalo subsiguiente, la obra finalmente fue exhibida en octubre de ese año en la “Sala José Pedro Varela” de la Biblioteca Nacional. Miles de personas pudieron decidir por sí mismas el apoyo, la condena o el desinterés hacia la obra, gracias al respaldo brindado por el Poder Ejecutivo (encabezado por el Dr. Julio María Sanguinetti), por intermedio de la Ministra de Educación y Cultura, Dra. Adela Reta.

Volviendo a la censura de “Génesis Uruguay”, a la luz de lo visto anteriormente, hay varias reflexiones que son inevitables.

El artista De Sosa concibió el engendro como un homenaje a la admirada pareja de venerables ancianos, y por ello le colocó una manzana dorada, que en la mitología “estaba reservada a las personas sabias y virtuosas” a la ex guerrillera Topolanksy, y por allí dejó caer una lechuza, que representa (?) la “claridad y sabiduría de Mujica” .

Como se ha visto, amigo De Sosa, rendir pleitesía casi nunca rinde frutos, y la profesión de lameculos suele estar pésimamente remunerada.

Pero más que la discusión sobre si es arte o no, si bueno o malo, lo que no puede discutirse es el derecho inalienable de De Sosa y cualquiera otro ciudadano de expresarse tal y como le venga en gana. Si alguien se siente agredido, insultado o dañado en cualesquiera de sus propios derechos, tiene la vía judicial para hacerlo.

Esa, la vía judicial, y ninguna otra es válida en nuestro sistema republicano. No lo es jurídicamente y menos aún, ética y moralmente.

Entonces, debemos hacernos varias preguntas: ¿La pareja Mujica Topolansky, recurrió a la Justicia e hizo la denuncia? Si como dice la Policía actuante “que la orden era de arriba, que no había una denuncia y que la orden era de una jueza de noveno turno”, ¿significa ello que actuó de oficio? ¿Puede hacerlo? ¿Intervino de oficio un Fiscal que resolvió acusar? ¿De qué? En el Uruguay republicano, ¿son válidas las órdenes “de arriba”?

¿Y las garantías? ¿Y la libertad? ¿Y las responsabilidades?

Debo suponer que en las próximas horas la Suprema Corte de Justicia aclarará debidamente la supuesta intervención de la Jueza de noveno turno. Que el Ministerio del Interior deslindará responsabilidades por lo actuado por el Comisario que en Jefatura pidió a la Galerista  “que por delicadeza la obra fuera descolgada“. Que la Ministro de Educación y Cultura tomará cartas en el asunto y dispondrá la libre exposición de esa o cualquier otra obra. Que los colectivos de artistas se expresarán públicamente rechazando enérgicamente la censura.

 

Y por fin, espero, aguardo quiero y deseo, que el Parlamento de mi país, allí donde reside la soberanía nacional, investigue si la tal orden de arriba provino de alguno de sus integrantes, porque en tal caso sería un acto intolerablemente antidemocrático que merecería el mayor de los repudios y debería terminar con la renuncia de los censores.

Nada más y nada menos se espera de la dignidad republicana de quienes invisten la representación popular.  

 

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