el-nino-del-piyama-de-rayas

Al contrario de lo que me suele suceder con las novelas que luego dan origen a películas, más o menos fieles -todo cuanto podrían serlo- a aquellas, en el caso de “El niño del piyama de rayas” vi primero la película y luego recién pude conseguir la obra escrita. Éste hecho, quizás, haya condicionado la lectura, en tanto las imágenes están ya allí, prestas a colocarse en su lugar a medida que vamos leyendo, y eso, de alguna forma, condiciona la lectura.

No obstante, lo que me interesa comentar -y, modestamente, recomendar– es la novela escrita. Quien luego, si no lo ha hecho ya, desee ver la película, será un interesante complemento porque se trata de un filme correcto, bien filmado, con actuaciones convincentes.

No es raro encontrar en la Babel de la internet, quienes catalogan a la novela como “literatura infantil”, tal vez porque -otra razón no se nos ocurre- el protagonista es Bruno, un niño de 9 años, y es él quien relata la historia, pero nada más lejos de ello. No es literatura infantil bajo ningún concepto.

Se trata sí de una aproximación al horror del Holocausto judío desde la mirada inocente de un niño alemán, hijo de un nazi asignado como Comandante nada menos que en Auschwitz. Un niño que como todos ellos, como nosotros cuando lo fuimos, no sabe de razas, ni de destinos predeterminados ni mucho menos de supuestas superioridades que pretextan exterminios, de los que tampoco sabe. Un niño al que le es arrebatada su condición, estando en el bando del Poder, tanto como a las víctimas de éste. Es un viaje desde la más pura inocencia, hacia un mundo incomprensible donde nada parece ser lo que es y donde esa inocencia, como la amistad, no tiene lugar.

Es el horror en estado puro, puesto de forma descarnada, en el lenguaje y el asombro de ese niño, víctima de un delirio del que no pidió ser parte.

Una lectura ineludible que nos recuerda, una vez más, que los seres humanos no siempre solemos ser humanos. Allá en Auschwitz hace más de 60 años, acá en el mundo -tanto puede ser Siria como cualquier otro- hoy mismo, frente a nuestros ojos, y los de nuestros niños.

 

 

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4 comentarios en “John Boyne y el horror tras un piyama a rayas…

  1. Es curioso. Fíjate que yo estuve leyendo este libro cuando tenía quince años, más o menos, pero como a la par estaba leyendo otros libros sobre la segunda guerra mundial bastante más crudos (no ficción, de hecho), nunca sentí gran empatía respecto a esta historia, ni me conmovió demasiado, pero tengo el presentimiento que ahora que tengo 26 años, y la cabeza un poco menos vacía, tal vez terminaría llegándome más.

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    1. Tienes razón María; con seguridad los libros nos llegan según cuándo los hayamos leído y en qué momento. En mi caso, en el otoño de mi vida, habiendo visto tanta barbarie, leído tanto sobre éste y tantos otros exterminios habidos a lo largo de la historia, lo que más me impresiona es poder verlo desde la mirada de un niño que no entiende, que NO puede entender y que es mejor no entienda. Lo más espantoso de la historia, sin que para ello haya que hacer correr sangre ni estallar bombas, es que la diferencia entre la vida y la muerte, allí y en ese momento de locura colectiva, no lo era tanto la raza sino un simple uniforme. Gracias por tu valioso comentario.

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  2. Uffff no he leído el.libro, sí vi la pelicula y varias veces, es impresionante, pero también tiene una moraleja, hay varios refranes que se pueden acoplar a esta gran película:
    El que a hierro mata a hierro muere
    No desees para nadie lo que para ti no quieras.
    Quien mal anda mal acaba.
    Cuando veas las barbas del vecino pelar, echa las tuyas a remojar.
    Dime con quien andas y te diré quien eres.
    El que desea el mal del vecino, le viene el suyo por el camino.
    La libertad de uno termina donde empieza la libertad de otro.
    ETC, ETC, ETC. Realmente es una vergüenza para el hombre la intolerancia, el racismo y la prepotencia, creernos más que los demás, cuando todos somos iguales. Ojo por ojo y diente por diente, otro refrán más añadido a esa ideología horrible. Besitos a tu corazón.

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    1. Muy oportuno tu comentario, querida Maria del Mar. Claro que todo lo que dices es válido para los adultos que forman parte, como ideólogos, ejecutores o cómplices de una locura colectiva. Pero, ¿los niños? Qué puede merecer un niño salvo vivir su infancia libre de horrores? Lo más impresionante de la historia a mi juicio, es que la delgada línea que separa la muerte de la vida en medio de esa barbarie, no es tanto la raza sino un simple uniforme. Era suficiente ser judío, pero bastaba parecerlo también. Un caricia a tu alma marina.

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