Doradas espigas

Alboreaste mi vida cuando todo era grisura,

cuando el tedio anegaba de frío mi cuerpo

y se había convertido en desértica llanura,

para insuflar danzarines aires de aventura

en el soplo silente de la brisa que recorre

montes y lagunas, llevando a lomos la frescura

del amor cumplido en una bella sonrisa.

*

Se levantaron en tu azaroso camino

inclementes tormentas de cruel insidia,

debiste derribar luengos muros de envidia

sin perder la preciosa carga de la buenaventura.

*

Entonces, no hubo ojos que vieran en tu mirada,

ni oídos que gozaran de tu dulce risa argentina,

Hubo si olfatos sensibles al perenne aroma

brotando de tu piel de espliego, lavanda y mirra,

para quedarse en delante dulcemente esclavos

del imperio eterno de tus doradas espigas.

*

Afrodita siempre viva en las olas

que bañan los sueños del Poeta,

puestos en la Barca de sus versos

el pasado de amor y dicha compartidas,

y el futuro incierto que ella encierra

esquivo y traidor como antes no fuera.

***

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