El Libro de mi Destino

Con la estructura de un libro de memorias, Saniee (Teherán, 1949) nos relata las peripecias de una mujer iraní (Masumeh, nacida en una familia musulmana tradicional donde los hábitos y costumbres y los preceptos religiosos tienen la fuerza de lo escrito en piedra), a lo largo de una vida signada por la tragedia, mientras en su entorno familiar e histórico se desarrolla esa otra tragedia.

Situada en las postrimerías del régimen del Shá y el advenimiento de la Revolución, y luego el avance del nuevo régimen islamista de los Ayatolláhs, el relato es de una crudeza escalofriante. Página a página, nos pone cara a cara con la barbarie de un mundo en el que, bajo el ominoso manto de un Dios omnipresente y omnipotente, se cometen los más inverosímiles crímenes y atropellos, las más de las veces en nombre de una pureza y un honor teñido en sangre.

A lo largo de su peripecia, nos muestra en toda su dimensión el drama de nacer y ser mujer en una sociedad, antes como luego y ahora, dominada por los prejuicios atávicos de una religión castrante utilizada como instrumento de poder y dominación, social y familiar. La protagonista bien podría ser la autora.

Estremece pensar que esa sociedad represora y totalitaria (entre la temible SAVAK del Shá y los Guardianes de la Fe de la República Islámica solamente se distinguen el color de sus uniformes y el largo de sus barbas), sociedad que parece ir siempre hacia el pasado, sea tolerada por la “comunidad internacional” bajo el paraguas del chantaje atómico y el peso de la billetera petrolera.

Cuesta aún más entender cómo los bienpensantes del mundo occidental bendicen -o callan en un silencio culposo- el régimen totalitario islamista con su vergonzante estela de colgamientos de supuestos homosexuales, lapidación de mujeres presuntamente adúlteras, torturas de probables “impíos” e “infieles”, por su supuesta pertenencia a una izquierda progre, lo que sea que signifique ello.

Lectura dura, de las que dejan huellas y el espíritu no sale indemne. En tiempos de indiferencia, una dosis de ello no viene mal.

 

 

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