Kafka en la orilla

“Kafka en la orilla” creo que es la tercera o cuarta novela de Murakami (en orden cronológico) que he leído, allá por Septiembre de 2013. Antes y después he leído Tokio blues, After Dark, El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, Los años de peregrinación del chico sin color, De qué hablo cuando hablo de correr y Hombres sin mujeres. 

Cuando me proponía ingresar una primera entrada en ésta “Bitácora de un lectoradicto” dedicada a Murakami, dudé en cuanto a cuál de ellas dedicarla, en el entendido que la elección importaría una especie de valoración. Efectivamente es así.

Por muchos motivos, Kafka es la novela suya que más me ha impactado y que permanece presente en mi memoria y mi sensibilidad prendida como el aguijón de una abeja. Es que pasado el tiempo y una gran cantidad de lecturas, de Murakami y otros tantos, Kafka Tamura, la señora Saeki y Satoru Nakata, sus ambigüedades y misterios, su fuerza poética y profundidad psicológica, siguen estando ahí.

Si, como creo, la permanencia es una buena medida de una novela, ésta lo es. Que por esta obra, como por buena parte de las arriba citadas y otras que aún me las debo, considere a Murakami uno de los grandes novelistas contemporáneos, con lo que coincido con millones de lectores en todo el mundo y en todos los idiomas, no creo estar diciendo nada nuevo. Cuesta entender cómo aún, se escuchan voces críticas respecto de su valor literario, como si al final, el éxito editorial fuese un pecado y la justa medida del valor de un autor sea la ignorancia por parte del gran público y deba escribir para las minorías más selectas.

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2 comentarios en “KAFKA EN LA ORILLA, en el centro de Murakami

  1. Al final de este libro escribí
    “estúpido libro”, es uno de esos libros que no se superan porque uno siempre espera algo. Quizás lo leí en un tiempo de inmadurez lectora. Necesito volver a leerlo para quitarme es mal sabor que me dejó. (quedé en el limbo)

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    1. Te agradezco tu comentario. Una más de las tantas razones por la cual la literatura es tan fascinante es precisamente por ésto: lo que a uno cautiva a otros deja indiferentes. Lo mismo pasa con el tiempo. Siempre digo que cada obra y cada autor tiene su “tempo” para cada lector; ni antes ni después. Leer “Rayuela” antes de los 50 nunca me resultó posible. Sin embargo, le llegó su momento y hoy La Maga anda siempre conmigo. Cordial saludo

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