La bicicleta de Sumji

Cada cosa de Oz que leo me deja el sabor y aroma de esas cosas que parecen magia propia, la que proviene del territorio donde la inocencia y la sabiduría tienen un encuentro único, justo antes que la vida lo estropee todo. Amos Oz, como nos lo muestra en cada una de sus pequeñas piedras preciosas en forma de novela, parece no haber abandonado nunca ese maravilloso territorio. De esos casos donde el lector agradece al autor haber tenido el privilegio de asomarse a su arte.

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