LA SEÑORA DALLOWAY, con juveniles 90 años

La Señora Dalloway

Leí esta obra, una de las tres más representativas de Virginia Woolf, pero la que sin duda alguna más se identifica con ella, en una Edición de Lumen con prólogo de Mario Vargas Llosa, connotado admirador de la autora. Muy poco puedo agregar a lo que los lectores que se asomen a ella, descubrirán de la brillante pluma de Vargas Llosa, en torno a ésta obra en particular, y de lo que Woolf significó para la literatura de la época, con justicia comparado con lo que significaron Joyce y Proust.

No obstante debo decir, nobleza obliga, que hasta mediada la novela me costó captar su sintonía fina para lograr meterme dentro de ella. Sin embargo, imperceptiblemente, Woolf lo consigue y casi sin darme cuenta cómo me vi dentro de ese gran escenario, yendo y viniendo, siendo llevado y traído por la mano invisible de la autora. Algo que todo lector debería experimentar alguna vez en su vida.

 

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EL GATOPARDO o el arte de cambiar para permanecer

 

El Gatopardo

Leí El Gatopardo por primera hace ya unos años, en una edición de bolsillo que alguna de mis muchas mudanzas hizo quedar perdida o en manos de algún lector distraído. El pasado año, en una de mis habituales incursiones por ofertas y ventas de viejo, me encontré con una edición de Altaya de 1995, en tapa dura, con unas valiosas notas a la edición y biográficas, que ponen en contexto la obra y a un autor tan peculiar.

Nacido en las postrimerías del siglo XIX, el Conde Giuseppe Tomaso di Lampedusa, provenía de una aristocrática familia palermitana. Dueño de una vasta cultura y de un espíritu refinado, como correspondía con su condición, habitual participante y promotor de la vida cultural, no produjo ninguna obra que se hubiera editado, antes de ésta novela. Sin embargo, con ésa que habría ser su verdadera “bala de plata” consiguió hacerse un lugar de privilegio en las letras italianas del siglo.

Si hay obras que merecen el calificativo de clásicos, ésta es una de esas que lo ostentan con sobrados méritos. La lucidez de Lampedusa para el análisis de la realidad tan compleja de la que le tocaba ser involuntario espectador de primera fila y forzado protagonista, le permitió reflejar en su obra lo que luego se convertiría en un referente. Leída hoy, sesenta años después de su publicación, conserva toda su magia y encanto, prueba última de la calidad de una obra literaria.

DONDE VAN A MORIR LOS ELEFANTES, el último Donoso

Donde van a morir los elefantes

“Donde van a morir los elefantes” es la última obra publicada en vida de José Donoso. Una obra donde valiéndose de un profesor chileno, Gustavo Zuleta (donde no es muy difícil vislumbrar al autor) quien acepta un cargo en una Universidad norteamericana de medio pelo. En esa estadía, en la que el protagonista desempeña el papel caricaturizado de un intelectual latinoamericano desde el punto de vista de los reyes de la caricatura, que vienen a ser según el autor -y no encontrará por aquí quien le desmienta- los norteamericanos, especialmente si habitan ese cosa que vendría a ser el Medioeste, casi casi ni chicha ni limonada. Una novela donde se desmontan uno a uno los innúmeros lugares comunes que forman parte de la peculiar cosmogonía yankee, cuando de referirse a todo lo que habite o provenga más al sur del Río Bravo, frontera última de la civilización, se trate. Y lo hace precisamente recurriendo a los no menos numerosos lugares comunes y prejuicios que pueblan las mentes latinoamericanas cuando de ellos, los del Imperio, se trata.

Es además, su novela, el refugio que encuentra su más íntimo amigo, el siempre postergado novelista ecuatoriano Marcelo Chiriboga, para gastar una más de sus habituales bromas.

CORONACIÓN, puerta abierta al mejor Donoso

Coronación

Coronación, novela publicada en 1957 y que consagró a Donoso como un miembro de pleno derecho del machacado “boom latinoamericano”, es la puerta de entrada perfecta para conocer la narrativa de un gran autor. Obra profundamente psicológica, narrada en torno a una casa y unos habitantes de ella que son en sí, el mundo, es también un intenso collage donde el autor nos muestra la realidad de aquél Chile de los años 50, donde el pasado daba batalla antes de desaparecer bajo la evidencia de sus anacronismos.

Cuando se habla del tan manido boom, suelen acudir al imaginario del lector tres o cuatro nombres ineludibles, pero le queda la sensación a quien ésto escribe que a Donoso se le aceptó dentro de ese selecto paraguas, a condición de ser considerado un hermano menor. Nada distinto de lo que pudo haberle sucedido a Onetti o Roa Bastos, por citar solamente dos ejemplos más.

LA LENTITUD de Milan Kundera, en tiempos de vorágine

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Como sucede con casi toda la obra de Kundera, La lentitud, novela con mucho de ensayo y bastante menos de novela, en su trama mínima es una excusa para que en ella los personajes reflexionen sobre los grandes temas que marcaron la vida del autor, y con ella, a su literatura.

Intelectual lúcido, ácido crítico de las modas y posturas políticamente correctas, emprende aquí un agudo análisis de cómo los fenómenos de la velocidad proporcionados por la tecnología, y la irrupción de la imagen -a través de la fotografía primero, las cámaras de TV después-, han cambiado drásticamente nuestras culturas y los valores y patrones de comportamiento social y del individuo.