Indígena venezuela

Quinientos veintitrés años después del comienzo mismo de ésta historia a la que ni siquiera logramos ponerle nombre, a los habitantes de este continente limitado por el Río Bravo al norte, el Pacífico al Oeste y el Atlántico al este, si algo nos une, mucho más que una lengua en común, es nuestra predisposición a la repetición. Los mismos arrebatos, las mismos lugares comunes, como si cada año descubriéramos lo que al día siguiente olvidamos sin remedio.

Según hayan sido los signos políticos que han pautado los vientos de la “Patria Grande” (¿por grande, o por patria?) el 12 de Octubre ha sido  ‘Día de la Raza’, o el ‘Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural’, o también ‘Día de las Américas’, o quizás el ‘Día de la Diversidad Cultural’. Todos collares para sujetar al mismo perro. Cada año brotan de debajo de cada piedra los adalides de la corrección política, proclamando a tambor batiente su indignación por el vergonzante recuerdo del infame genocidio español de los castos pueblos originarios. No obstante, estas repetitivas huestes de cruzados indigenistas se abren las venas ya abiertas, en su mayoría, en día festivo. Ésto es, la indignación y vergüenza les impide trabajar. Un poco de revisionismo sí, pero que no nos jorobe la fiesta, pues. En Argentina, la Doctora derriba a Colón con tal inquina que pareciera que dentro de las toneladas de la estatua condenada al destierro, estuvieran mismo los restos del genovés venal y genocida. Por los desaforados lares de Bolívar, un mico con banda presidencial lo sustituye por un indígena emplumado en pose guerrera, aunque el pobre no sabe si apuntar sus flechas para la España decadente o hacia el Imperio satánico.

Ese supremo provocador que es Pérez-Reverte, escritor en sus ratos de ocio, español para peor, ha utilizado la red del pajarito para tirar una pequeña historia salida de su peculiar coleto. Dice AP-R en sus sucesivos tuits: Cada 12 de octubre, cuando los desinformados y los tontos empiezan con la copla genocida, me acuerdo del abuelo del señor Sánchez. Una vez, en México un periodista mexicano me preguntó si no tenía “remordimientos por ser español y genocida” “Ustedes vinieron a América a violar a mujeres y destruir nuestra civilización”,argumentó. Le pregunté cómo se apellidaba. Dijo que Sánchez. Le respondí que mis abuelos nunca fueron a América: “El que por lo visto sí vino fue el abuelo de usted –dije-. Aquel señor Sánchez”. “Pídale cuentas a su abuelo el genocida, no a mí –añadí-. Mis abuelos se quedaron en España, y de mi familia yo soy el primero que vengo”.

Cuando uno encuentra tanto Sánchez y tan poco Namuncurá entre los indignados, se pregunta si la mejor manera de indignarse en serio con los descendientes de los genocidas, casi todos nosotros mismos, sería eliminar la fecha del calendario e irnos los 12 de Octubre a trabajar como cualquier otro día. Así, por lo menos, seríamos un poquito menos contestatarios pero un poquito más coherentes.

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