El lector y el tiempo

Biblioteca

En mi ya extensa carrera de lector inveterado e irredento, hubo un antes y un después, un punto de inflexión de inusual crueldad, el día que llegué a una, para mí, fatídica comprobación. A pesar de lo ya leído, ni todo el tiempo de vida que pudiera quedarme entonces -tal vez veinticuatro horas, pero haciendo de ello una cuestión estadística, todavía unos cuantos años-, habían de bastarme ni remotamente para leer todo aquello que creía imprescindible y aún no había leído.

Tal vez a todo lector, en algún momento de su vida, llegue a caerle este aldabonazo que irremediablemente nos ha de dejar un regusto amargo en la boca y la perniciosa sensación del tiempo perdido, o más exactamente, mal utilizado. No menos cierto es que, llegado a ese punto, salimos con la certeza de que en adelante, ya no seremos los mismos. Nos volvemos más selectivos. Vamos a por lo seguro, si es que ello es posible en literatura. Dejamos, sin tantos pasados pruritos, que otros con más sapiencia y recorrido nos aconsejen y sugieran, y hasta seremos capaces -oh, sacrilegio que otrora jamás nos habríamos permitido- de dejar un libro por la mitad, sin que por ello nos invada sentimiento de culpa alguno.

Pero claro, de las más sanas intenciones está empedrado el camino al fracaso y como toda decisión humana, lo que hoy es incontrovertible, mañana puede no serlo cegados por la luz de una nueva tentación. Agradezcamos también eso, porque de lo contrario nos habríamos convertido en fundamentalistas de una religión sin más sustento que la propia certeza de estar en lo correcto y nos habríamos perdido de disfrutar descubrimientos que no figuraban en nuestras prioridades.

Así las cosas, desde entonces como lector tengo metas. Al cabo, aunque que leer es antes que otra cosa un acto placentero y lúdico, es casi siempre también una necesidad vital y por tanto, como todas, factible de encuadrar dentro de planes y objetivos.

Con esos criterios es que he comprado el 30% de mi biblioteca que sigue en lista de espera a que le llegue su turno y de la misma manera, es que mantengo una lista de aquéllas obras que me siguen pareciendo imprescindibles. Con esos títulos y autores esperándome, siento que la intemperie del camino se vuelve un poco menos hostil.

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#RetoLibro2015

  1. Un libro con más de cien años :  GUERRA Y PAZ , obra cumbre de León Tolstoi, publicada en 1869.
  2. Un libro que te haga llorar: SUITE FRANCESA , publicada en 2004, de la escritora Iréne Némiróvski, judía nacida Ucraniana y criada en Francia, muerta en Austchwitz.
  3. Un libro ambientado en otro país: EL SONIDO DE LA MONTAÑA, es una de las grandes novelas del escritor Japonés Yasunari Kawabata, publicada en 1954.
  4. Un libro de más de 500 páginas: RAYUELA la gran novela experimento, publicada en 1963, del escritor argentino Julio Cortázar.
  5. El primer libro de un autor popular:  OYE AL VIENTO CANTAR (primera entrega de la Trilogía de la Rata), editada en 1979 es la primera novela publicada por Haruki Murakami.
  6. Un libro basado en una historia real: pabellón de cáncer,  Novela autobiográfica del Nobel ruso Alexandr Solzhenitzin, publicada 1968.
  7. Un libro escrito por una mujer:  ORGULLO Y PREJUICIO, escrito por la escritora británica Jane Austen, publicada anónimamente en 1813
  8. Un libro escrito por un menor de 3 años: aprendí a leer a los 5 años, fíjate…
  9. Un libro al final de tu lista de libros por leer: mi lista aún no tiene final, hasta que yo lo tenga al menos…
  10. Un libro releído: “Crónica de una muerta anunciada” y “El otoño del Patriarca” , escritas por Gabriel García Márquez (no releo, pero…)
  11. Un libro de tu infancia: CUENTOS DE LA SELVAde Horacio Quiroga, publicado en 1918.
  12. Un libro diario: CUADERNOS DE LANZAROTE, de José Saramago.
  13. Un libro que puedas leer en un día: LA CARRETERA (The Road), novela de Cormac McCarthy, si se empieza se termina, pero no se deja.
  14. Un libro que te transporta:  HERMANA MÍA, MI AMOR, de Carol Joyce Oates
  15. Un libro pendiente por leer: EL TAMBOR DE HOJALATA, escrita por Günter Grass , publicada en 1959.

12 de Octubre: Día de…

Indígena venezuela

Quinientos veintitrés años después del comienzo mismo de ésta historia a la que ni siquiera logramos ponerle nombre, a los habitantes de este continente limitado por el Río Bravo al norte, el Pacífico al Oeste y el Atlántico al este, si algo nos une, mucho más que una lengua en común, es nuestra predisposición a la repetición. Los mismos arrebatos, las mismos lugares comunes, como si cada año descubriéramos lo que al día siguiente olvidamos sin remedio.

Según hayan sido los signos políticos que han pautado los vientos de la “Patria Grande” (¿por grande, o por patria?) el 12 de Octubre ha sido  ‘Día de la Raza’, o el ‘Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural’, o también ‘Día de las Américas’, o quizás el ‘Día de la Diversidad Cultural’. Todos collares para sujetar al mismo perro. Cada año brotan de debajo de cada piedra los adalides de la corrección política, proclamando a tambor batiente su indignación por el vergonzante recuerdo del infame genocidio español de los castos pueblos originarios. No obstante, estas repetitivas huestes de cruzados indigenistas se abren las venas ya abiertas, en su mayoría, en día festivo. Ésto es, la indignación y vergüenza les impide trabajar. Un poco de revisionismo sí, pero que no nos jorobe la fiesta, pues. En Argentina, la Doctora derriba a Colón con tal inquina que pareciera que dentro de las toneladas de la estatua condenada al destierro, estuvieran mismo los restos del genovés venal y genocida. Por los desaforados lares de Bolívar, un mico con banda presidencial lo sustituye por un indígena emplumado en pose guerrera, aunque el pobre no sabe si apuntar sus flechas para la España decadente o hacia el Imperio satánico.

Ese supremo provocador que es Pérez-Reverte, escritor en sus ratos de ocio, español para peor, ha utilizado la red del pajarito para tirar una pequeña historia salida de su peculiar coleto. Dice AP-R en sus sucesivos tuits: Cada 12 de octubre, cuando los desinformados y los tontos empiezan con la copla genocida, me acuerdo del abuelo del señor Sánchez. Una vez, en México un periodista mexicano me preguntó si no tenía “remordimientos por ser español y genocida” “Ustedes vinieron a América a violar a mujeres y destruir nuestra civilización”,argumentó. Le pregunté cómo se apellidaba. Dijo que Sánchez. Le respondí que mis abuelos nunca fueron a América: “El que por lo visto sí vino fue el abuelo de usted –dije-. Aquel señor Sánchez”. “Pídale cuentas a su abuelo el genocida, no a mí –añadí-. Mis abuelos se quedaron en España, y de mi familia yo soy el primero que vengo”.

Cuando uno encuentra tanto Sánchez y tan poco Namuncurá entre los indignados, se pregunta si la mejor manera de indignarse en serio con los descendientes de los genocidas, casi todos nosotros mismos, sería eliminar la fecha del calendario e irnos los 12 de Octubre a trabajar como cualquier otro día. Así, por lo menos, seríamos un poquito menos contestatarios pero un poquito más coherentes.